Steven Sinofsky, el hombre que lideró Windows entre 2009 y 2012 y que fue el cerebro detrás de Windows 8 y el Surface RT original, ha compartido una reflexión larga y personal sobre el MacBook Neo. Y no se ha guardado nada. Sinofsky describe el nuevo portátil de Apple de 699 euros como un ordenador que cambia los paradigmas del mercado, y dice que verlo le ha generado una mezcla de admiración y nostalgia, porque reconoce en él exactamente lo que él intentó hacer hace más de una década.
«Estoy completamente alucinado con él. Es un ordenador que cambia paradigmas», escribió Sinofsky en X. Lo que le llama la atención no es solo el precio, sino la apuesta de Apple por un chip de móvil en un portátil con compromisos técnicos deliberados. Eso fue precisamente lo que él intentó con el Surface RT en 2012: un equipo a 599 dólares, con chip ARM de Nvidia, capaz de correr Office y navegar por internet.
La diferencia, según Sinofsky, no estaba en el hardware. Estaba en el ecosistema. El Surface RT tenía la potencia suficiente para las tareas cotidianas, pero Windows 8 exigía a los desarrolladores adoptar un modelo de aplicaciones nuevo y más seguro, y esa transición nunca llegó a producirse. «Mucha gente se rebeló. Querían el viejo modelo de apps de Windows. Nosotros sabíamos que no había forma de asegurarlo, de hacerlo eficiente energéticamente ni de hacerlo seguro. Estaba diseñado para otra era».
Una visión que no llegó a tiempo y que Apple acaba de validar con el MacBook Neo
Lo que Sinofsky lamenta no es haber fallado en la ejecución, sino no haber tenido tiempo de completar la transición. Bajo su dirección, la hoja de ruta contemplaba que ARM fuera el sustituto definitivo de x86 en Windows, no una alternativa secundaria como sigue siendo hoy. Pero salió de Microsoft poco después del lanzamiento de Windows 8, sin poder rematar lo que había comenzado.
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«Si hubiéramos podido seguir y doblar la esquina con los desarrolladores para construir nuevas apps, habríamos estado en el mismo punto en el que está el Neo en pocos años. Estoy seguro de ello». Y cierra su reflexión con una frase que resume todo: «Fuimos pronto, pero no estábamos equivocados».